Para sentir todo lo que somos...

para descubrir todo lo que podemos ser.

Eugene Gendlin escribió sobre Carl Rogers en 1988. *
"Carl Rogers 1902-1987"

Traducción: Marlene Spindler

Carl Rogers murió súbitamente el 4 de febrero de 1987 luego de una cirugía por fractura de cadera.
Había nacido en Chicago el 8 de enero de 1902.
Hasta el momento de su muerte trabajaba activamente en el Centro para el Estudio de la Persona, en La Joya, California, adonde se había mudado en 1963.
Anteriormente dio cátedra en la Universidad de Wisconsin, en Chicago, en Ohio y dirigió el Centro de Cuidados Infantiles (Child Guidance Center) en Rochester.
Rogers es conocido en todo el mundo por haber originado y desarrollado la corriente humanista en psicoterapia, siendo un pionero en investigación e influenciando todos los campos relacionados con la psicología.
Venían a verlo desde todos lados.
Pudo ayudar mucho a algunos y otros se sintieron decepcionados Rogers parecía un hombre común.
El no era un gran conversador.
Escuchaba lo que le decían con muchísima atención y con real interés.
Se sentaba ligeramente inclinado hacia delante y te miraba directamente a los ojos, queriendo escuchar lo que tenías para decir.
Y luego, en lugar de responder retóricamente a tu retórica, se movía ligeramente en su asiento. Se guardaba sus opiniones en silencio y cuando llegaba a algo que le interesaba puntualmente lo escribía.
Rara vez lo desbordaban sus sentimientos y casi nunca demostraba enojo.
Sabía como expresar su sentir con firmeza pero no lo hacía agobiando al otro.
Si su secretaria hablaba por teléfono con un amigo él se paraba a su lado, con las cartas en la mano, esperando pacientemente a que ella terminara.
Pero debía convivir con el odio de la mayoría de sus pares porque él descolocaba a todo el sistema social en sus ámbitos de trabajo, de docencia, y con sus colegas. De todo lo que lo que era su entorno en realidad.
Le importaba cada persona individualmente pero no las instituciones.
No le interesaban las apariencias, los roles, las clases sociales, los títulos, los cargos o las jerarquías y cuestionaba toda autoridad, inclusive la propia.
Su poder residía en el haber descubierto algo importante y en su constancia para ponerlo en práctica.
Como él no veía ninguna razón para sentirse limitado por esas "naderías" que paralizan a la mayor parte de las personas, pudo trabajar con su ideología y así revolucionar todo el campo de la psicología.
En la década del 40 fue acusado de "destruir la unidad del psicoanálisis".
El había fundado un método totalmente diferente: la terapia no directiva.
Eso significó una guerra contra la autoridad monolítica.
Rogers ganó esa guerra.
Actualmente se reconocen diversos métodos terapéuticos y se aceptan los cuestionamientos.
Carl Rogers quería realizar investigaciones objetivas y cuantitativas para fundamentar los buenos resultados de su nueva terapia.
Pero había pocos procedimientos utilizables y no existían ejemplos de investigación en psicoterapia.
Este tipo de investigación se consideraba imposible porque los terapeutas no dejaban que nadie escuche las sesiones y menos aún que se realizaran evaluaciones y comparaciones.
Rogers grabó sesiones en los elementales discos de vidrio existentes en esos tiempos y fue acusado de "violar la santidad de la relación analítica".
Eso fue otra guerra.
El quería lograr una investigación comparativa y puso todo su empeño para convencer a los psicoanalistas para que graben sus sesiones a fin de comparar resultados.
Y durante años recibió la misma respuesta: "Usted puede grabar a los residentes" (o sea los practicantes). Esta respuesta demostraba de quien era la santidad que se estaba protegiendo.
Durante 20 años Rogers lideró el primer grupo de terapeutas y de grupos de control que analizó cada sentencia de cientos de transcripciones de sesiones y midió los resultados con tests psicométricos realizados a los pacientes antes y después del período de la terapia.
Esa fue otra guerra que ganó.
Hoy en día es común que se realice ese tipo de investigación.
El instauró una nueva ética: una sesión podía ser grabada sólo con la autorización del paciente-cliente.
Se puso énfasis en la confidencialidad y se respondía a todas las preguntas sólo diciendo que se trataba de una persona que estaba haciendo terapia.
Este código ético es común en nuestros días pero en ese momento fue algo nuevo. "Ética profesional" significaba en general que un médico protegiera a otros médicos.
La forma en que Rogers difundió su nuevo método terapéutico fue algo típico de él: descubrió algo y como no encontró ninguna razón "relevante" que le impidiera ponerlo en práctica, lo practicó.
Otto Rank interpretaba al paciente "sólo" cuando éste "se detenía en un proceso experiencial que justificaba la interpretación".
Jesse Taft y Frederick Allen (con quienes Rogers estudió) en general permanecían en silencio e interpretaban "sólo" para una interacción.

Rogers eliminó toda forma de interpretación.
En lugar de interpretar él chequeaba en vos alta su comprensión del discurso del otro, tratando de detectar con exactitud eso que el paciente trataba de comunicar. (La técnica del reflejo) Y al hacerlo descubrió que en general el paciente le rectificaba lo que él creía comprender, y entre los dos iban ajustando los contenidos hasta que el paciente le decía: "Sí, así es exactamente como me siento".
Y a eso seguía un silencio característico por sentirse comprendido y ese silencio daba lugar a que el proceso se profundizara y que lo que a continuación el paciente expresaba fuera algo "más profundo".
Rogers descubrió que un proceso auto-impulsado emerge desde adentro del individuo; que cuando cada contenido es recibido con su exacto significado se hace "lugar" para que en los pasos subsiguientes emerjan contenidos cada vez más profundos.
Se podría decir que es una forma de ir rodeando las defensas o que se trata de una maximización del acercamiento sin imponer la autoridad terapéutica.
Llámese como se llame lo que vale son los resultados.
Para Rogers la teoría es posterior a lo experiencial.
El primero escribió su teoría en "Psicoterapia centrada en el cliente" y posteriormente la completó en "El proceso de convertirse en persona", siendo éste su libro más conocido.
Pero con su teoría él no trata de convencer a nadie.
El escribió: "Tomen esta teoría como una hipótesis operacional; luego observen qué sucede."
Desde el rol del terapeuta esta forma de escuchar es totalmente diferente.
En lugar de centrarse en lo que la persona dice, para de algún modo tratar de modificarlo, estando de acuerdo con algunos aspectos del discurso y objetando otros, uno escucha para tratar de aprehender lo que la persona quiere significar, agudizando la percepción para sentir empáticamente cómo es para la otra persona eso que siente.
¡Pero el descubrimiento de Rogers fue todavía más profundo!
El descubrió que cada persona tiene una coherencia interna en su sentir.
Y esta coherencia permite que lo que siente se aclare y rectifique a medida que se va profundizando.
Este descubrimiento colocó a Rogers en la vanguardia del país en otro aspecto.
En 1945, los negros, las mujeres, los homosexuales, además de otras personas, se sintieron ayudados en el Centro de Counseling porque ahí los terapeutas estaban abiertos a que cada paciente le "enseñe" la realidad de su mundo.
Un cliente negro podía pasar meses enseñándole a su terapeuta como era la experiencia de ser negro y otro cliente negro podía decirle con alivio luego de una hora de terapia "Con usted me olvido de lo racial".
Estos terapeutas nunca imponían sus criterios.
No intentaban presionar a una mujer para que permanezca casada, como hacían los psicoanalistas en ese momento.
Tampoco decidían como debía ser la sexualidad de una persona.
Para los terapeutas entrenados por Rogers era obvio que cada persona puede dirigir su vida y que sólo se puede ayudar a otro acompañándolo a recorrer lo intrincado de su camino personal.
Rogers publicó las transcripciones de un caso en el que fracasó.
Cuando entrenaba a sus terapeutas les hacía escuchar grabaciones de sesiones modelo, pero cada tanto traía una grabación con errores de procedimiento y les decía: "Yo no sé que es lo que acá no funciona", para animarlos a presentar las propias sesiones en las que aparecían los errores que debían corregir.
Para él hacer diagnósticos era inadecuado, perjudicial y como creía que muchas veces éstos eran erróneamente utilizados, directamente los eliminó de su práctica.
Eso fue otra afrenta a la profesión pero también hizo lugar para que se recibiera su ideología psicoterapéutica.
Rogers cambió el nombre de "terapia no directiva" por "terapia centrada en el cliente", para finalmente llamarla "centrada en la persona".
Del mismo modo que en el ámbito legal, sería el cliente, y no el abogado, el que decidiría sobre cada paso a seguir.
Pero eso fue sólo lo evidente de su ruptura con el modelo médico que utiliza los criterios de "enfermedad", "diagnóstico" y "el doctor es el que sabe".
Actualmente, muchos terapeutas tienen "clientes" y no creen que la terapia sea similar a la medicina.
También en otros campos tuvo incidencia el descubrimiento de Rogers y él se encargó de difundirlo planteando si también en el ámbito educativo sucedería que los procesos de aprendizaje más profundos se originarían desde dentro de las personas.
El comenzaba su enseñanza proveyendo a los alumnos de listas de "fuentes informativas disponibles", confiando en el buen criterio de cada estudiante para descubrir el mejor camino de aprendizaje.
En cada caso el resultado era una clase enormemente excitada dirigiendo su exploración individual.
Los estudiantes leían y hacían mucho más que en el sistema antiguo, sin tener una tarea fija asignada.
Rogers contribuyó con una nueva literatura que influenció a una generación de educadores.
Aprender este método terapéutico requiere algunos años de práctica, supervisión, y practicarlo uno mismo, porque sólo con la educación académica no se aprende.
Esto llevó (y Rogers siguió esa dirección) a la conclusión de que no eran necesarios títulos para ser un terapeuta.
Otra guerra.
El planteaba: ¿por qué no entrenar a trabajadores pastorales, enfermeras, madres, maestros, -o quién fuere- para ser terapueta?
No había una razón inherente para no hacerlo y las irrelevancias no lo detuvieron.
Y aunque millones fueron entrenados Rogers no ganó esta guerra.
El método fue simplificado hasta convertir el acompañamiento en una mera repetición verbal en lugar de ser una forma de percibir en profundidad cada concepto vertido.
Esto llevó a que este método se desacredite totalmente.
Actualmente el entrenamiento es muy minucioso porque es muy difícil aprender a escuchar.
A Rogers permanentemente lo invitaban desde todos lados.
El tratada de decidir adonde ir preguntándose donde tendría el mayor impacto.
Muy a menudo elegía ir a grupos relacionados con la educación o con la infancia.
El se preguntaba si este enfoque funcionaría en ámbitos laborales.
En 1947 Rogers abandonó el control del Centro de Counseling de Chicago.
Este siguió funcionando con los estudiantes que estaban haciendo internados, las secretarias y los miembros de la facultad.
Pero, naturalmente, el compromiso y el trabajo cambiaron su nivel.
Más adelante, cuando el Centro perdió el subsidio, el modelo rogeriano mostró su resiliencia: se hizo un fondo común y se trabajó por muy poco dinero hasta que se consiguió un nuevo subsidio.
Este modelo también tenía sus flaquezas.
En Wisconsin , adonde Rogers había sido invitado a investigar con esquizofrénicos, este modelo de organización no pudo resistir a la maniobra de una persona que actuó deliberadamente sin ninguna ética: se apoderó de los resultados de las investigaciones, trató de publicarlos y luego los destruyó de modo que todo ese trabajo tuvo que hacerse nuevamente.
Aunque no tan dramáticamente este tipo de problema se repitió en varias oportunidades.
Actualmente (1988) la mitad de los terapeutas Europeos y Japoneses utilizan el enfoque "centrado en el cliente".
En los Estados Unidos recién se esta comenzando a trabajar de este modo.
El animaba este tipo de trabajo pero no lideraba ninguna organización.
También ayudó a fundar otros grupos, pero sin querer dirigirlos.
Entre otros: El Movimiento de Grupos de Encuentro, el Counseling Psicológico, La Asociación Humanística, la Academia Americana de Psiquiatría y Psicología.
Es poco lo que se le puede criticar a Carl Rogers.
Algunos dicen que al no expresar su enojo él forzaba a los que lo rodeaban a pelear entre sí.
Pero las peleas más bien tenían que ver con su rechazo por asumir su liderazgo.
Para él dejar el control significaba no controlar nada y se negaba a decidir sobre algo aún cuando era evidente que sólo él podía hacerlo.
Eso sí obligaba a pelear entre sí a los que lo rodeaban.
Pero esto no llega a ser algo sustancial para criticar comparado con todos sus aportes en nuevos métodos de trabajo y su honestidad y coraje para llevarlos adelante.
En sus últimos 15 años él aplicó su método a lo relacional, entrenando en la confección de reglas y toma de decisiones, liderazgo y grupos en conflicto.
El creía que se toman mejores decisiones cuando se logra entender empáticamente como son las cosas con "los del otro bando".
Porque los otros no son nunca sólo los contrarios.
Rogers decía que el mundo es "frágil" y trabajaba por la paz.
Cuando tenía bastante más de 80 años lideró multitudinarios talleres en países como Hungría, Brasil y la Unión Soviética y condujo grupos de comunicación en Sudáfrica.
Yo me alegro de que Carl me haya escuchado decir estas cosas buenas de él.
La última vez fue en la video grabación de un panel.
Se produjo una discusión entre los que creían que el único método válido era el centrado en el cliente y los que querían integrarlo con otros métodos.
Yo dije que necesitamos a ambos grupos.
Pero Carl dijo "Yo no quiero un enfoque centrado en el cliente, yo quiero un enfoque para ayudar a la gente".

* El Dr. Eugene Gendlin de la Universidad de Chicago publicó este artículo en American Psychologist de febrero de 1988. Vol.43 Nº 2.127-128
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